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El Club Internacional de Prensa en la Historia
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La portada del diario ABC, del 16 de noviembre de 1962, da cuenta de la inauguración del Club Internacional de Prensa el día anterior. En la imagen el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne.
En la página 41 del diario ABC, del 16 de noviembre de 1962, se da la noticia de la inaguración del Club Internacional de Prensa.
El ministro Laureano López Rodó (centro) interviene en un acto organizado por el Club Internacional de Prensa el 16 de noviembre de 1963.
Entrega de premios de la Agrupación Sindical de Redactores Gráficos de Prensa en los salones de Pinar, 5, el uno de junio de 1964.
Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo (izq.), con César Gullino, corresponsal de la agencia de noticias italiana ANSA, en un acto celebrado en el club.
El subsecretario de Turismo, José Rodríguez Acosta (izq.) con el corresponsal y director de la American United Press (UP) en Madrid, Ralph Forte.
El prestigioso periodista y socio del CIP Carlos Mendo (izq.) conversa con el subsecretario de Turismo, José Rodríguez Acosta, en compañía de corresponsales extranjeros en España.
Linda Hermann (izq.) y Allan Walker, ambos fueron presidentes del CIP en 1984-1985 y 1964-1965, respectivamente, durante un acto en la sede del CIP.
El comandante Frank Borman (dcha.), uno de los tres primeros seres humanos que orbitaron alrededor de la Luna, entrega una copia de la foto que tomó de la Tierra durante su viaje espacial. Le acompañan el presidente del CIP (1968-1969), Dominique Curzio (izq.), Luis Ballesteros, José Chelala, Pierre Brizard, Rafael Salar y Aldo Tripipni (presidente del CIP entre 1967-1968), entre otros.
El actor Mel Ferrer (izq.) con el presidente del Club Internacional de Prensa, Karl Tichman (1969-1970).
César de la Lama (sentado en el centro), entonces redactor jefe de la agencia Efe, presenta a los compañeros del club su libro Juan Carlos I: rey, convirtiéndose en su primer biógrafo autorizado. Era diciembre de 1975.
En 1977, en la escalera de la sede de Pinar, 5, aparecen, junto a los miembros de la peña Primera Plana, Lola Flores, José María Íñigo (premio Limón) y Narciso Ibáñez Serrador (Premio Naranja), junto a Carmen Díaz de Rivera (centro), asesora del presidente del Gobierno, Adolfo Suárez.
Adolfo Suárez, conversa con el periodista Pedro Calvo Hernando, durante un acto celebrado en el Club Internacional de Prensa en septiembre de 1977, al poco tiempo de ser nombrado presidente del Gobierno por el rey Juan Carlos.
En 1978, la silueta de Pilar Franco, hermana del fallecido general Francisco Franco, con dos fundadores de la peña Primera Plana, Manuel Román y y José Luis Cardona. Pilar Franco no asistió al acto al que había sido invitada y en su lugar se colocó su silueta.
César de la Lama (tercero por la izq.), entonces subdirector de la agencia Efe, durante la presentación de su libro La revolución de la flor (Portugal, abril de 1974). El primero por la izquierda, José Antonio Novais, corresponsal de Le Monde. De pie, Walter Haubrich, presidente del club y corresponsal del Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ). Era noviembre de 1979.
El ministro de Justicia, Francisco Fernández Ordoñez, anuncia en los salones del Club Internacional de Prensa su salida de UCD y la fundación del Partido de Acción Democrática (PAD). Le acompaña Raúl Morodo (dcha.). Era el año 1981.
En 1981, los Reyes reciben a la Junta Directiva de los corresponsales extranjeros en el Palacio Real. De izquierda a derecha, Gerry Van Huck, Volkart Mullet, José Antonio Novais, Ramón Dario Molinary, Tito Drago, la reina Sofía, el rey Juan Carlos, Guadalupe Enríquez, Ricardo Carucci, Moncilo Pudar, Einar Jenssen y Peter Sereny.
Carlos Garaikoetxea, lehendakari vasco, con María Gloria Giménez, María Silver, Tito Drago y Linda Hermann, en los salones del club, en Pinar, 5, de Madrid.
El secretario general del PSOE, Felipe González, el 25 de octubre de 1982, tres días antes de ganar las elecciones de 1982, en un acto celebrado en el Club Internacional de Prensa. (Foto: María Silver).
Felipe González, como candidato socialista a la presidencia del Gobierno, conversa con el corresponsal de Le Monde, Antonio Novais, y el periodista Tito Drago, tras su comparecencia ante la prensa extranjera y española en la sede del club, el 25 de octubre de 1982. (Foto: María Silver).
El dirigente comunista Enrique Líster (izq.) y el catedrático y ex ministro de Economía Enrique Fuentes Quintana durante un acto celebrado en el Club Internacional de Prensa en 1983.
Agustín Rodríguez Sahagún (centro), alcalde de Madrid, mantuvo una amistosa relación con el CIP. En esta foto, en una Fiesta de la Prensa Extranjera, acompañado de Germán Ancochea y Enrique Borcell. (Foto: A. Cherep).
El líder sindical de CCOO, Marcelino Camacho, junto a los socios del CIP José Alvés (izq.) y Gladys Benko durante una Fiesta de la Prensa. En el centro, la esposa de Camacho, Josefina Samper.
En febrero de 1987, la Junta Directiva del CIP en el Palacio de la Moncola, con motivo de haber sido designado el presidente del Gobierno, Felipe González, "el español con mayor impacto en la prensa internacional en 1986". De izquierda a derecha, Valentín Gorkaev, Nativel Preciado, Tito Drago, Felipe González, Alexis Hintz, Pierre Arnouil, Mohamed Abdel Kefi, María Teresa Alexander, María Elena Rico, Jean Michael, Bambergeer, Pedro Martínez Séiquer, Richard Ginalsky, Werner Herzog, María Gloria Giménez, Manfred Schroeder y Peter Zwick. (Foto: M. Povedano).
Otro momento del encuentro en la Moncloa del presidente del Gobierno, Felipe González (izq), con miembros de la junta directiva del CIP, en febrero de 1987, entre los que se encuentran Tito Drago y Mohamad Abdelkefi.
Los periodistas José Luis Gutiérrez (izq.) y Harry Debelius, junto al líder sindical de CCOO, Marcelino camacho (dcha.) en un acto celebrado por el CIP.
En octubre de 1987, el Gobierno y la guerrilla guatemalteca inician en Madrid las negociaciones que, diez años después, terminarán en un acuerdo de paz. Ambas delegaciones eligieron el Club Internacional de Prensa, de Madrid, para explicar la situación.
Federico Mayor Zaragoza fue distinguido como el español con mayor impacto en la prensa internacional en 1987, por su campaña y elección para ocupar la dirección general de la UNESCO. El acto de entrega del premio se celebró en Barcelona, el 13 de marzo de 1988. Junto a Mayor Zaragoza, Sol Gallego-Díaz (izq.), directora adjunta del diario El País, e Inocencio Arias, también galardonados en la Fiesta de la Prensa Extranjera. Tito Drago y María Gloria Giménez, participan en el acto.
Los Reyes saludan a la Junta Directiva del CIP y al presidente de Iberia, Miguel Aguiló, al llegar a la Fiesta de la Prensa Extranjera de 1992.(Foto: Dalda).
S.M. el Rey durante su discurso después de recibir el Premio Especial 1992 otorgado por el Club Internacional de Prensa, en la Fiesta Anual de la Prensa Extranjera celebrado el dos de abril de ese año. (Foto: A. Cherep).
En 1992, presentación en la sede de Monte Esquinza del libro España, fin de siglo. De izquierda a derecha, Harry Debelius (dirigiéndose al público), el periodista Fernando Jáuregui, el catedrático de Sociología Manuel Castellls y el vicepresidente del Gobierno, Narcís Serra.
El ministro de Asuntos Exteriores, Javier Solana, y el director general de la OID, Juan Leña, posan con socios del CIP al término de un almuerzo de trabajo en 1993. (Foto: Alejandro Echegoyen).
En 1993, el prestigioso periodista y escritor César de la Lama recibe de manos del rey Juan Carlos la placa y el diploma de Socio de Honor del Club Internacional de Prensa. Junto al Rey, el entonces presidente del CIP, Tito Drago, acompañado del presidente de los periodistas árabes en España.
El presidente palestino Yasir Arafat en la cena de trabajo celebrada en el Hotel Palace, de Madrid a principios de la de la década de los noventa. Junto al líder árabe, Tito Drago, presidente del CIP.
Comida de trabajo con Jose María Atutxa (izq), a mediados de los años noventa. Junto al consejero de Interior del Gobierno Vasco, Gloria Giménez.
Encuentro con José María Aznar en el Casino de Madrid en vísperas de las elecciones de 1996. Junto al futuro presidente del Gobierno español, miembros de la Junta Directiva del CIP.
El secretaro de Estado y Seguridad, Ricardo Martí Fluxa, flanqueado por Tito Drago (izq.) y Alejandro Gourevitch, en el Hotel Santo Domingo, de Madrid, en un almuerzo informativo organizado por el CIP.
Comida de trabajo con Juan Carlos Rodríguez Ibarra (dcha). Junto al presidente de la Junta de Extremadura, Tito Drago.
El diplomático, catedrático y político Raúl Morodo (izq.) interviene en un acto organizado por el Club Internacional de Prensa en 2000. En el centro el presidente del CIP, Manuel Pereira.
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Antecedentes
El
antecedente más directo del actual Club Internacional de
Prensa (CIP), hay que buscarlo durante el reinado de Alfonso
XIII, cuando el jurista, periodista, diplomático y político
socialista Julio Álvarez del Vayo, en aquel momento
corresponsal en España del diario La Nación,
de Buenos Aires, fundó y fue el primer presidente de la
Asociación de Corresponsales Extranjeros en España.
Durante
la guerra civil, la citada asociación continuó
funcionando, sin estructura orgánica, con las dificultades
lógicas de aquella situación bélica. Finalizada la
contienda, tuvieron que pasar años para que los
corresponsales extranjeros pudieran volver a contar con una
entidad asociativa específica. En 1968 sería fundada la
Agrupación de Corresponsales de Prensa Extranjera. Pero
seis años antes había nacido el Club Internacional de
Prensa.
Inauguración
del CIP
Fue
el jueves, quince de noviembre de 1962, cuando se celebró
el acto de inauguración del Club Internacional de Prensa,
en el edificio que iba a ser su sede durante muchos años de
la calle Pinar, 5, de Madrid.
Desde
hacia meses había ido tomando cuerpo, en círculos
del Gobierno de la época, la idea de fundar un club que
permitiera reunir a los representantes de los medios de
comunicación extranjeros que desarrollaban su labor
profesional en España y sus colegas periodistas españoles.
"Era este club una evidente necesidad, algo que faltaba en nuestra organización de las relaciones con los extranjeros. La experiencia de muchos siglos de eso que ahora se llama relaciones públicas y que han existido siempre, aconsejó en los ambientes más diversos la creación de centros de relación social en los que se puede hablar de negocios sin la rigidez del trato propiamente comercial, de política sin el compromiso de la gestión de la cosa pública, de ideas sin acuñar definiciones". Así fue definida por las instituciones gubernamentales la creación del CIP, según las primeras palabras del discurso de inauguración, pronunciado por el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne.
"A
veces vendremos a almorzar, otras a tomar una copa, otras
simplemente a cambiar impresiones y, en definitiva,
procuraremos promover cuantas reuniones ordinarias y
extraordinarias sean posibles para mantener viva la vida
informativa acerca de cuanto ocurre en España", añadió
el ministro Fraga Iribarne sobre la naturaleza del
club que inauguraba.
También
se refirió el ministro a cierto cambio dentro del
régimen: "Estamos en transición -decía-, los
economistas hablan de una economía dual en que sectores
todavía retrasados aprietan nuestro corazón y nuestra
conciencia para obligarnos a seguir adelante, pero en la que
los sectores extensos muestran ya los resultados óptimos de
la paz, de la buena administración, del buen
gobierno".
El
entonces ministro de Información y Turismo terminó su
discurso asegurando a los periodistas presentes en el acto
de la calle Pinar: "Queremos que se difunda información
abundante sobre las cosas que pasan en España y a ese fin
se encamina nuestra gestión". Y añadió:
"Entiendo que el Club Internacional de Prensa va a
llenar una función importante, al poner en contacto a
quienes tienen por misión informar a todos los periodistas
del mundo sobre la vida española, al hacerles conocer a los
compañeros de profesión españoles y al ofrecerles ocasión
de tratar con los funcionarios del Gobierno que tienen
encomendado precisamente atender a los informadores
extranjeros".
Entre
los profesionales que se encontraban presentes en aquella
inauguración, figuraban el presidente de la Asociación de
la Prensa de Madrid , Pedro Gómez Aparicio, y el desde ese
momento presidente del CIP, Harold Milks, corresponsal de la
agencia de noticias norteamericana Associated Press. En las
palabras del ministro quedaba clara una característica del
club, que se consolidaría con el pasar del tiempo: la
relación entre corresponsales de medios extranjeros y los
periodistas de medios españoles.
Harry
Debelius, de The Times y uno de los más veteranos
corresponsales en extranjeros en España, recordaría años después que, "en aquella época, se aceptó bien
la idea porque eran otras circunstancias, aunque estaba bien
claro y nos dimos cuenta de que ciertas personas no se podrían
llevar allí. Pero era un lugar de reunión con el que se
contaba desde ese momento".
El
que sería abogado del CIP, periodista y miembro de su junta directiva, José Mario Armero,
al conmemorarse el 25º aniversario del club,
recordó algunas circunstancias que hicieron posible su
creación: "A
Fraga le obsesionaba el tema de la prensa extranjera. Tenía
mucha información de lo que se escribía fuera del país.
Pienso que aquello fue una operación para dominarla. Mas tarde, la relación de los
periodistas extranjeros con la oposición política sería
grande y su influencia muy importante. Conocían a todas las
personas que maniobraban en la clandestinidad. A Felipe González,
concretamente, le gestioné yo la primera entrevista que se
le hizo fuera de España, con el periodista Manuel Becerra,
del Excelsior, de México".
Centro
de encuentro y actividades
A partir de aquel jueves, 15 de noviembre de 1962, en los locales del edificio de la madrileña calle Pinar, 5, comenzaron a celebrarse actos, ruedas de prensa, cócteles, discursos y visitas de personajes representativos de los distintos sectores de la sociedad, y fue lugar de acogida de las numerosas personalidades extranjeras que llegaban a Madrid para actos oficiales que, poco a poco, convirtieron la sede del CIP en un lugar imprescindible de encuentros sociales y políticos, aunque en sus primeros tiempos, al igual que en el resto de la sociedad, el pluralismos no fuera posible.
En
la puesta en marcha de todas aquellas actividades
intervinieron muchas personas, pero no se puede intentar
conocer lo que en muchos años ocurrió en el Club
Internacional de Prensa de Madrid y en el seno de las
asociaciones profesionales de periodistas a las que facilitó
su sede y que, posteriormente, albergó definitivamente, sin
tener en cuenta a una de las personas que más tiempo y
durante muchos años se dedicó a la organización de los
actos y actividades que se fueron desarrollando. Se trata de
José Luis Bustos, encargado de la sede, quien vio desfilar
a todas aquellas personas y personalidades que lo
frecuentaron durante tantos años, ya desde su primera época.
En primer lugar, Bustos se había sorprendido de lo que encontró en el edificio de Pinar, 5, de Madrid, cuando se hizo cargo de la sede del CIP: "Antes había sido la sede de la Hispano Germana, en donde, durante algunos años, se habían reunido periódicamente simpatizantes de la ultraderecha. Cuando yo llegué a Pinar, 5, me encontré en estos locales con un archivo enorme lleno de fotos, de fichas de simpatizantes del nazismo, de nombres de socios. Era un fichero completo, muy documentado. Entonces pensé que era peligroso que aquello estuviera allí y lo quemé todo. Se fue todo a la calefacción".
Entre
los hallazgos de Bustos se incluían también numerosos
objetos, como vajillas completas con la cruz gamada impresa
y baterías de cocina con los mismos signos. "Yo pedí
permiso entonces y todos aquellos objetos fueron entregados
al colegio que el Ayuntamiento de Madrid administraba en el
Paseo del Prado, donde estudiaban niñas recogidas por
varias instituciones benéficas madrileñas".
El
edificio de la calle Pinar, cuyos locales fueron puestos a
disposición del CIP, había sido anteriormente también
sede de una institución cultural madrileña: el Instituto
Jaime Balmes, que se había puesto en marcha con la
finalidad de que fuera sede para actividades culturales,
pero que no prosperó mucho en ese tipo de iniciativas y, al
no salir adelante, el Gobierno pensó en el como futura sede
de los corresponsales de prensa extranjera afincados en
Madrid que, en aquélla época, mantenían sus contactos y
reuniones en el Casino de Madrid.
Inaugurado
oficialmente el club, las actividades comenzaron a tomar
cuerpo tras constituirse su primera junta directiva, órgano
que, de acuerdo con sus primeros estatutos, se renovaría
anualmente. Harold Milks ocupó el puesto de primer
presidente, desde noviembre de 1962 hasta el mismo mes del año
siguiente. Rafael Miralles, de Plus Ultra -una agencia
vinculada a los sindicatos del régimen-, fue el primer
vicepresidente, y Rafael Salazar, del diario Ya, pasó
a ocuparse de la secretaría general.
El
reglamento de la nueva institución que comenzaba a andar
estableció la composición de una junta de gobierno que
quedaba integrada por tres miembros designados por la junta
directiva de la Agrupación de Corresponsales de Prensa
Extranjera; tres miembros de la Asociación de
Corresponsales de Prensa Iberoamericana; un periodista
extranjero acreditado, que no fuera miembro de las
anteriores asociaciones; tres de la Asociación de la Prensa
de Madrid; dos representantes del ministerio de Información
y Turismo, nombrados por el director general de Prensa; un
representante del ministerio de Asuntos Exteriores, miembro
de la carrera diplomática, y otro del Instituto de Cultura
Hispánica.
También, según la reglamentación elaborada por el Gobierno, el ministerio de Información y Turismo se hacía cargo del mantenimiento y conservación del edificio y de sus instalaciones y proveía al club del personal para su funcionamiento administrativo y de servicios.
Iniciativas y reformas
A
medida que pasaron los años un buen número de los socios
comenzó a plantearse la conveniencia de proceder a un
cambio en el régimen de funcionamiento del club y,
especialmente, una modificación en el texto de los estatutos, para encaminarlo hacia su democratización.
El
corresponsal alemán Walter Haubrich recordará años después
que, "en opinión de la mayoría de los miembros de la
agrupación, en el club se realizaban en aquel tiempo actos
que poco tenían que ver con la labor profesional de los
periodistas, como desfiles de modelos, reuniones sociales y
presentación de productos comerciales, sin relación con la
prensa".
Movimiento
hacia la democratización
La primera constancia de esa intención democratizadora se registró en 1972, siendo presidente del club Armando Puente, de France Soir, y Jean Luis Arnoud, delegado de la Agence France Presse en Madrid, ambos miembros de la agrupación de corresponsales.
Al
ser sometido a presiones sobre el desarrollo de cierto tipo
de actividades que se desarrollaban en Pinar 5, Puente envió una carta al ministro de
Información y Turismo comunicándole su renuncia como
presidente del club, pues no estaba dispuesto a recibir ni
aceptar presiones.
El
23 de marzo de 1973, la junta directiva de la agrupación de
corresponsales extranjeros se reunió fuera de la sede del club y nombró
una comisión integrada por el ya citado Puente, Dominic
Curcio, de Business Week,
y Carlos Mora, de la agencia Prensa Latina, para que
"estudiase la situación y elaborase un proyecto de
susgestiones para la renovación y reestructuración del
club", según queda reflejado en el acta respectiva.
El
papel decisivo de la agrupación de corresponsales
extranjeros –que,
en 1980, pasaría a denominarse asociación-, en su lucha
por democratizar el club, será recordado tiempo después
por el veterano corresponsal de The
Times, Harry
Debelius, quien rememoró que "los que integrábamos
aquella junta del CIP aceptamos la misión de la agrupación de
corresponsales de reorganizar y democratizar el club. Fue
una tarea que no se presentó fácil, y tardamos algún
tiempo en conseguirlo. En un primer momento -eran los años
1974 y 1975-, encontramos bastante apoyo en los
representantes del ministerio de Asuntos Exteriores, pero no
en los de los restantes y, después, un poco más
adelante, pudimos contar con la colaboración, más bien de
carácter personal, de la representante del ministerio de
Información y Turismo, y las cosas comenzaron a rodar de
forma más fácil. El representante de la Asociación de la
Prensa de Madrid no quería asistir a las reuniones y el
ministerio de Información y Turismo dejó de mandar a su
representante, de forma que con los de Cultura Hispánica,
los de la agrupación de corresponsales y los de Asuntos
Exteriores conseguimos la mayoría".
El
acta de la junta directiva de la agrupación del siete de
marzo de 1975 señala que ésta resolvió plantear su
derecho a regir el club en su totalidad. Pero todavía en
octubre de 1975, el entonces presidente del CIP, el
corresponsal alemán Walter Haubrich, siguió realizando
gestiones con el Instituto de Cultura Hispánica y con la
Asociación de la Prensa de Madrid para pedirles que
nombrasen a sus representantes respectivos en la junta
directiva del club.
Por
otra parte, la junta del club acordó ofrecer una comida de
homenaje y nombrar miembro de honor permanente de la
institución a Joaquín Ortega Salinas, vocal de la junta en
representación de ministerio de Asuntos Exteriores,
"en vista de la actuación permanente, generosa y
eficacísima" que se le reconoció.
Haubrich
explica su llegada a la presidencia del club de la siguiente
forma: "Para poder proponer la reforma del club con
autoridad se había decidido que los tres más altos cargos
de la agrupación de corresponsales ocupasen los tres
puestos que en la junta de gobierno del club correspondían
a la agrupación", y de esta forma Haubrich fue
propuesto y designado presidente del CIP.
Sin
embargo, esa decisión fue dejada sin efecto al año
siguiente, ya que en 1975 Harry Debelius fue presidente
electo de la asociación sin que fuese designado también
para la presidencia del club, que siguió ocupada por
Haubrich hasta 1980, cuando la agrupación -ya asociación-
de corresponsales de prensa extranjera firma un acuerdo de
democratización con el gobierno de Adolfo Suárez. En
virtud de ese acuerdo, la junta del club tuvo que traspasar
todas sus competencias a la de la agrupación, para que ésta
lo democratizase, modificando los estatutos, de manera que,
en el futuro, el presidente y toda la junta directiva pasaran
a ser elegidos por el voto secreto de los socios.
En
1975, bajo la presidencia de Debelius, la agrupación
resolvió invitar a un almuerzo informativo del club al
profesor Enrique Tierno Galván, del clandestino Partido
Socialista del Interior (PSI), y a dar una conferencia de
prensa al secretario general del también clandestino
Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Felipe González.
En ambas ocasiones, el Ministerio de Información y Turismo
maniobró con pretextos administrativos para que no se
llevaran a cabo ambas convocatorias informativas.
Haubrich rememora que, al establecer los entonces estatutos que sólo el presidente del club podía abrir o cerrar la sede, el ministerio se aprovechó de que los empleados pertenecían a Información y Turismo y "los trasladó la noche anterior al Palacio de Congresos para realizar allí, por un día, supuestos trabajos urgentes. El conserje fue obligado a cerrar la puerta y a llevarse las llaves". Entonces, la conferencia de prensa de Felipe González se realizó en un hotel ubicado a unas decenas de metros la calle Pinar, 5.
Lucha
por la democratización
Tres
días después de ese acontecimiento se reunió la junta
directiva de la asociación de corresponsales, bajo la
presidencia de Debelius, y decidió:
"1. Suspender de momento todos los actos oficiales y los encuentros programados [en el club] mientras no tengamos la garantía de una libertad para celebrar actos profesionales.
2.
Buscar apoyo en la prensa extranjera y española"
El 9 de diciembre del mismo año 1975 se volvió a reunir la junta de la asociación de corresponsales para establecer su relación con el club de la siguiente manera:
"1. La junta del club deberá tener una mayoría de miembros de la Agrupación de Corresponsales de la Prensa Extranjera (ACPE).
2.
Esta junta tendrá la responsabilidad de todas las
actividades profesionales del club, siempre actuando según
las leyes del Estado español."
Durante
esos días, la ACPE se ocupó de numerosas agresiones
que sufrieron los corresponsales perpetradas por la policía y de
restricciones impuestas por funcionarios gubernamentales.
El
9 de marzo de 1976, ya integrada de nuevo la ACPE al CIP,
la junta directiva de la agrupación de corresponsales
resolvió que esta no pediría más permisos para realizar
actividades profesionales en Pinar, 5, como tenía que
hacerlo hasta ese momento, y dejó constancia de que el
Gobierno todavía no había contestado su pedido de
reestructurar el club.
El
18 de octubre de 1976, todavía Debelius como presidente
de la ACPE, Haubrich comunicó a la agrupación que el
Gobierno había aceptado que, de los catorce miembros de la
junta directiva del club, siete fuesen de la agrupación
pero que se mantendría la representación gubernamental en
el CIP.
Los
años de lucha por la democratización se vieron coronados
por el éxito en junio de 1980, cuando la ACPE, presidida
desde 1979 por Tito Drago, de Inter Press Service, negoció
y firmó un acuerdo con la Secretaría del Estado de información. En la negociación de ese acuerdo acompañaron
al presidente del CIP: José Antonio Novais, Charles Vanecke,
Volkhart M�ller y Werner Herzog. Por parte del
Gobierno participaron el secretario de Estado de Información,
Josep Meliá, y sus más directos colaboradores, Jesús
Picatoste, Chencho Arias y Julián Barriga.
El
acuerdo entre el CIP y la secretaría de Estado establecía
que "la ACPE, como organización
representativa de los corresponsales de prensa extranjera
acreditados en España, asumiría la tarea de reestructurar
el Club Internacional de Prensa". Asimismo se acordó
que se redactarían unos nuevos estatutos del CIP en los
que desaparecería la representación estatal y la
corporativa. Asimismo, se estableció que los dirigentes del
club serían elegidos por el voto secreto de sus socios, y
se precisaron los términos en los que la Administración
aportaría medios humanos y materiales para el
funcionamiento del Club, dejando a su junta directiva una
libertad profesional total.
Entre los medios a disposición del CIP, quedó establecido que la Secretaría de Estado de Información seguiría aportando el edificio de la calle Pinar, 5, de Madrid, "o uno de similares características", así como personal -diez personas-, muebles y útiles, y que cubriría los gastos generales.
función social, vital y permanente
Mientras
se gestionaban todos estos cambios internos y durante los años
anteriores, las actividades realizadas en sus locales habían
concedido al Club Internacional de Prensa el carácter de
una institución indispensable en la vida social y política
y lo habían convertido en un centro de recogida de
información para los profesionales que habitualmente se
trasladaban hasta el.
Por
otro lado, embajadores, dignatarios extranjeros, políticos,
economistas, artistas, cantantes y hasta toreros,
pronunciaron allí conferencias, dieron ruedas de prensa o
hicieron declaraciones de prensa que convirtieron al Club
Internacional de Prensa en un importante punto de encuentro
informativo.
Pero
fue durante los años de la transición cuando el club
alcanzó su época de esplendor, gracias a la firme acción
de la ACPE, que
luchó incansablemente por lograr que se transformase en un
foro de libertad de expresión, pluralista y democrático.
Fue
en esa época cuando se constituyó en novedad insólita ver
que en una misma sede, a veces hasta coincidiendo en el
horario, se celebraban actividades a las que concurrían
adversarios políticos. Por mencionar algunas, Manuel Fraga,
acompañado de los otros “seis magníficos”, presentó a
Alianza Popular en el CIP; el legendario general comunista
Enrique Lister dio una conferencia tras su regreso del
exilio; Felipe González informaba de las actividades de su
emergente Partido Socialista; todos los sectores del
nacionalismo vasco, sin exclusión, hicieron saber de sus
posiciones; los partidarios y los enemigos de la OTAN, las
suyas y, así, el amplio espectro social y político
de aquélla España rumbo a su democratización y normalidad
europea pasó por Pinar, 5.
Sólo
en 1979, por poner un ejemplo, la ACPE organizó encuentros
informativos en el CIP en el que se dieron cita desde Felipe
González, a Carlos Ferrer Salat, Fernando Abril Martorell,
Francisco Bustelo, Luis Gómez Llorente, Juan María Bandrés,
Josep Tarradellas, Josep Meliá, la Comisión Gestora del
PSOE, Telésforo Monzón, Jordi Pujol o Enrique García
Diez.
En
1980, pasaron por el club Leopoldo Calvo Sotelo, Enrique
Tierno Galván, Raimundo Pérez Hernández, Manuel Prado y
Colón de Carvajal, Nicolás Redondo, Juan Luis Cebrián,
Jesús Vicente Chamorro, Rafael Escudero, Jordi Pujol,
Rafael Calvo Ortega, Javier Rupérez, Juan José Rosón,
Luis Otero, Santiago Carrillo, Francisco Fernández Ordoñez,
Marcelino Camacho, Rosa Posada, Manuel Fraga o Agustín Rodríguez
Sahagún.
Los
archivos del CIP guardan, aunque incompletos, parciales y
dispersos, impresos y escritos de sus diversas épocas, como
testimonio de aquélla actividad y encuentros en su sede.
Por ejemplo, la del entonces comisario del Plan de
Desarrollo Económico, Laureano López Rodó, que, el 25 de
enero de 1964, habló de los "polos y polígonos
industriales en el marco del desarrollo regional", como
parte del plan que acababa de aprobar el Gobierno. El 29 del
mismo mes, los alumnos de la Escuela Oficial de Periodismo
presentaron allí a su madrina, María de la O Martínez
Bordiú y Franco, nieta del entonces jefe del Estado.
Siguen
los archivos del club narrando cómo se sucedían las
actividades en aquellos años y se menciona que, en los últimos
meses de 1965, visitaron el Club Internacional de Prensa
personajes populares, que atraían a un gran número de
curiosos a las puertas de su sede para poder observar de
cerca a sus ídolos. Según
los documentos que permanecen en su archivo, "el martes
28 de noviembre, a las diecinueve treinta de la tarde, tuvo
lugar el cóctel en honor de la artista cinematográfica
Pier Angeli. Entre copa y copa de los invitados, la gentil
estrella fue contestando a las preguntas que le hicieron los
periodistas nacionales y extranjeros. Dijo, en relación a
la película que está rodando en España, que hará el
papel de una linda jovencita que se enamora de un pistolero,
aunque es la sobrina del sheriff. El acto resultó altamente
simpático".
Al
mes siguiente le tomó el relevo la actriz y cantante Pepa
Flores: "El viernes, a las siete y media de la tarde,
rueda de prensa con la artista cinematográfica Marisol, a
su regreso de las ciudades alemanas de Dusseldorf, Monchen,
Gladbach, Goppingen, Darmstadt, Hannover, Grossauheim,
Weisbaden y Bad Godesberg. También estuvo en Frankfurt,
donde no pudo actuar porque el local habilitado para 800
personas se vio invadido por más de 3.000. De Alemania pasó
a Bélgica, donde actuó en las ciudades de Waterschel,
Bruselas y Lieja. Marisol fue presentada por el entonces
presidente del club, Alan Walter, de Daily Telegraph,
y contestó con gracia y claridad a cuantas preguntas le
hicieron los corresponsales y periodistas sobre este último
viaje de la artista".
El
número de artistas que pasaron por el Club Internacional de
Prensa es enorme. Pero hay algunos que dejaron en su época
una enorme huella por su poder de convocatoria. De ello da
fe José Luis Bustos, quien no se perdió uno solo de los
encuentros de aquéllos veinticinco primeros años. Bustos
recuerda muy bien cuándo la cantante Salomé llegó a la
puerta de Pinar, 5, para dar una rueda de prensa y como
invitada a una recepción que tendría lugar a continuación,
y un miembro del servicio de la casa se empeñó en impedir
su entrada mientras no se identificara claramente y no
dijera quien era, porque ya habían entrado 300 ó 400
personas invitadas que esperaban a la actriz. Finalmente,
roto el malentendido, pudieron oír a su cantante favorita.
Pero
lo que desplegó a las quinceañeras españolas y provocó
serios quebraderos de cabeza a José Luis Bustos y a sus
compañeros de trabajo fue la llegada de Roger Moore, El Santo. "Las chicas se desmayaban, ¡qué histerismo!".
Los archivos del CIP recogen la rueda de prensa en la que
"los salones del club se llenaron por completo de público,
reunido para ver al famoso intérprete que fuma tabaco rubio
y bromea con todo el mundo".
La
moda de España era otra de las actividades que se
promocionaron en el club y que merecieron la crítica de
algunos corresponsales por considerarlos actos impropios de
la sede, por tener una finalidad comercial. Se realizaron
desfiles y conferencias sobre la proyección internacional
de los creadores españoles, así como de profesionales de
otros países.
El CIP y la transición española
No
obstante, la historia de Club Internacional de Prensa no se
puede comprender sin entender el papel que jugó un número
muy importante de sus socios a medida que la vida política
del país evolucionaba. En España se iba abriendo paso la
transición y se adivinaba la llegada de la democracia. De
forma paralela a los actos sociales que alegraban muchos días
de esos años, se precipitaban una serie de acontecimientos
que hicieron un hueco para el CIP en la historia de la
transición y en lo que fue la trastienda de la política
española de aquel tiempo.
José
Mario Armero recuerda que "la relación de los
periodistas extranjeros con las personalidades más
destacadas que se movían en aquel entonces en la oposición
era enorme. Los conocían a todos. A través de los
corresponsales se
pudieron tener más contactos y más informaciones de lo que
se avecinaba que a través de los propios españoles. En
aquel momento interesaba mucho la figura de Pablo
Castellanos. También José María Gil Robles era un
personaje al que se acudía muy a menudo y al que se le
concedía bastante importancia, así como a Joaquín Ruiz
Giménez. En los años durante los que se prolongó la
transición política, los corresponsales manejaban mucha
información y muchos políticos recurrían a éllos. Fue
una época especialmente interesante y en la que un
importante número de periodistas de distintos países acudían
a España y permanecían largas temporadas aquí, ya que en
muchos lugares se creía que en nuestro país iba a estallar otra vez
una guerra civil".
También
Jose Antonio Novais, corresponsal del Diario de Noticias
de Lisboa y, también, durante mucho tiempo de Le Monde,
quien, al igual que Armero, jugó un papel importantísimo
en la democratización del club, al conmemorarse el 25º
aniversario de su fundación, recordaba los enfrentamientos
y la presión que, contra corresponsales extranjeros
acreditados en España, se ejerció a lo largo de aquellos años.
Novais,
concretamente, tardó años en poder ser socio del club,
porque en un principio se le impidió la inscripción.
Aseguró Novais que "el Club había estado muchas veces
en posición enfrentada al Gobierno ". A él también
se le retiró el carné de prensa y se le prohibió el
acceso a los locales de la calle Pinar, 5, aunque "el
presidente de aquel momento me dijo que acudiera como amigo
y como invitado". "Durante mucho tiempo el club no
fue neutral en su posición frente al franquismo, aunque
durante alguna época tenía un sello gubernamental y hubo
gente que por ello no acudía a su sede", diría más
tarde Novais.
A
medida que pasaba el tiempo, se aproximaba el fin del régimen
de Franco y se comenzaba a hablar de transición, de
asociaciones políticas, de libertad de prensa, de partidos
políticos... El club sirvió de termómetro para
observadores internacionales de la situación política española, ya que en
el se reflejaban directamente decisiones y actitudes de los
representantes del régimen, de la oposición y de la
clandestinidad.
Harry
Debelius recordaba muy bien varios de los obstáculos e
inconvenientes que se encontraban a diario para desarrollar
su trabajo de corresponsales extranjeros. Como en el año
1968, cuando se obligó a Schukte, delegado a la sazón de
la agencia United Press Internacional, a retractarse de una
noticia que había difundido por el teletipo, según la cual
algunos grupos de personas habían abucheado a miembros de
la Guardia Civil en el desfile anual que conmemoraba el Día
de la Victoria.
Harry
Debelius recordaba su época en la que fue presidente de la Agrupación
de Corresponsales Extranjeros, cuando, hacia el año 1974,
el Gobierno hablaba de apertura, de asociaciones políticas
y proclamaba a los cuatro vientos que ya había libertad de
prensa en España. Entonces, la junta de la agrupación
decidió organizar en el CIP una serie de charlas con
personalidades políticas que se consideraban interesantes
en aquel momento y que podían aportar información y
declaraciones importantes sobre el futuro cercano. Entre
ellas había que contar con José María de Areilza, Enrique
Tierno Galván, Joaquín Satrústegui, Manuel Jiménez de
Parga…
Por
puro azar, según Debelius, "el primero que debía
pronunciar su conferencia era Enrique Tierno Galván. El día
anterior a que tuviera lugar el acto me llamó el ministro López
Bravo para decirme que no podía celebrarse y que se debía
contar con la posibilidad de que fuera la policía en caso
de no atender a las recomendaciones de la Administración, y
me aseguró que no me saldría con la mía".
Al
día siguiente, efectivamente, los problemas no se hicieron
esperar. Cuando varios de los socios comenzaron a llegar a
la sede del club para tomar parte en el acto con Tierno Galván
se encontraron con que en los alrededores del edificio se
habían situado varios jeeps de la policía. En la
puerta de la entrada, un letrero anunciaba . ‘Cerrado por
reformas’. Relata Debelius que, "ya que el acceso era
absolutamente imposible, se convocó una reunión de la
junta directiva de la ACPE en el Hotel Palace. Escribimos
desde allí una carta al ministro Fernández de Letona. Recuerdo que comenzaba diciendo:
‘Desde el bar del Hotel Palace, que en adelante se
considera sede provisional del Club Internacional de
Prensa, por ser privado...’”. Esta situación se prolongó.
Durante algunas semanas la sede del club permaneció
cerrada, pero el proyecto de organizar aquellas charlas
continuó. Para no pararlo, se avisó a los invitados de lo
que ocurría, y la convocatorias se trasladaron a otro
lugar. Los directivos de la ACPE pensaron entonces que un
buen sitio para que los encuentros con estas personalidades
se celebrasen sin inconvenientes era un restaurante privado,
lo cual, según Debelius, "era una provocación al
Gobierno".
Sigue
relatando Debelius que "en la primera de toda la serie
que convocamos, antes de empezar, aparecieron por allí dos
policías y preguntaron por mí. Ante la solicitud de que
desconvocáramos el acto, les contesté que no podía
anularlo y que, o se celebraba o nos detenían a todos.
Llamaron por teléfono a sus superiores y yo les dije que
podían asistir y escuchar todo lo que se decía durante el
tiempo que quisieran. En cada una de las conferencias
siguientes acudían siempre dos miembros de la policía,
pero nunca pasó nada. Nosotros sabíamos que la alternativa
que les dejábamos, si seguíamos adelante, era la de
detenernos a todos. También los invitados que acudieron
tuvieron que mostrar mucho valor, dadas las circunstancias,
ya que conocían los problemas que se habían planteado.
Después, todo volvió a la normalidad y al cabo de dos o
tres semanas pudimos reanudar las actividades en el
club".
Durante
aquellos años, la labor de algunos profesionales instalados
en España se veía salpicada de acontecimientos que podían
provocar inconvenientes a la hora de desarrollar su trabajo.
El mismo Debelius recuerda que, tras vivir varios años en
Madrid, se fue a trabajar a Vietnam y a su regreso solicitó
la renovación de su carné de prensa, que había caducado.
"Durante bastante tiempo no me contestaron hasta que
finalmente respondieron que como estaba el papeleo en trámite yo
no podía escribir. Añadieron que si escribía una sola línea
me podía llegar una orden de expulsión del país. Hablé
entonces con los colegas del club y muchos de ellos
escribieron en sus medios sobre estos problemas que surgían
para los corresponsales de prensa en este país y, así, al
poco tiempo, me lo devolvieron".
Los
protagonistas de la historia en el CIP
Sin salir de aquellos años en los que el club empezaba a tomar un carácter importante en los asuntos de la política del país, hay muchos acontecimientos que se podrían reseñar en esta historia y que relacionan a sus miembros con los conflictos que se sucedían en distintas partes de España -huelgas, conflictos sociales, aparición de asociaciones- y, sobre todo, con los protagonistas de la historia de la recuperación de la democracia, que resultaban un aliento.
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