Discurso de Antonio Mingote
Académico.
Gala de los Premios Internacionales 2007.
Madrid, 14 noviembre 2007
Un trabajo decente.
Hablo desde la perplejidad que me produce el tener que hacerlo en nombre y representación de quienes tienen, más merecimientos que yo en este mundo de la comunicación. Pero, puesto que me lo mandan, diré antes que nada, en nombre de todos, y espero que todos estén de acuerdo conmigo, gracias. Gracias por estos premios que son el reconocimiento de unos méritos más o menos evidentes y, sobre todo, un acicate para seguir esforzándonos por merecerlos. Por mi parte, y permitidme que hable de mí una sola vez, al recibir este premio a mi larga trayectoria, es decir, a mi tozudez en el trabajo, fruto tal vez de mi sangre aragonesa, no puedo prometer y, por tanto, no prometo –dada mi edad-, alargarla mucho más, pero haré lo que pueda.
Y estoy seguro de que la misma promesa está en la mente y la voluntad de todos mis compañeros.
Resulta especialmente satisfactorio que estos premios de la comunicación los conceden, precisamente, los comunicadores, es decir, los que saben cuánto hay de sacrificio en este trabajo muchas veces incomprendido, no siempre recompensado y a veces incluso ignorado por ese público al que nos debemos y con el que pretendemos comunicarnos.
Pretendemos ser razobables.
Pretendemos ser veraces y razonables, pero el personal –creo yo- acepta con dificultad el razonamiento, atiende con fruición el alegato y se entrega con entusiasmo a la famosa adhesión inquebrantable, que sigue existiendo, aunque ahora podamos elegir a quén o a qué dedicar nuestra inquebrantabilidad. Pero esa conducta del personal, más visceral que razonable, no puede afectar a un trabajo honestamente planeado, decentemente hecho.
En la lista de estos premios figuran periodistas de la Prensa, de la Radio, de la Televisión, empresarios, políticos, todos comprometidos, de un modo u otro, con la comunicación. Y sabiendo todos que el limpio ejercicio de la Comunicación es una manera de defender la libertad, esa libertad por la que hemos estado suspirando tanto tiempo. ¡Y la libertad, que no nos la toquen, por favor!
Gracias en nombre de todos. Gracias otra vez.
Muchas gracias.

