Un nuevo desayuno informativo organizado por el Club Internacional de Prensa (CIP), reunió ayer a Eva Gabrielsson y a Lubna Hussein, dos mujeres que, horas más tarde, recogían el Premio a los valores humanos otorgado por el club. Gabrielsson, que recibió el galardón en nombre de quien fuera su pareja, el periodista fallecido Stieg Larsson, anunció que piensa zanjar “todos los mitos” en torno a la herencia del autor sueco en un libro que publicará este verano.
“Una industria multimillonaria ha convertido a mi marido en un mito en venta. El fenómeno mediático ha hecho que nada de nuestra vida común haya sido respetado”, señaló la viuda del autor de la saga "Millenium". En su próximo libro, ofrecerá datos de su vida en común que luego se han visto reflejados en las conocidas novelas -y que en cierto modo demostrarían su implicación en el éxito de las mismas-. De esta forma, huirá de “falsedades” que se han contado a raíz de la muerte del autor aportando “pruebas documentales”, explica.
“No quiero que esta historia continúe”, asevera, y por ello espera que no se finalice un cuarto título de "Millenium" del que Larsson ya había escrito unas 200 páginas. Además, insiste en que esta lucha no es acerca del dinero, y que las negociaciones actuales, nunca en persona, siempre entre abogados, se mantienen desde finales de noviembre, coincidiendo con el interés de Hollywood de iniciar una nueva adaptación de la trilogía. Por todo esto, se deduce su disconformidad con el salto al cine de "Millenium" y la trilogía, de la que asegura haber visto sólo la tercera de las películas rodadas, aún inédita en muchos países.
Aunque se planteó reclamar legalmente la coautoría de la obra, finalmente desechó la idea de iniciar “un camino largo y costoso” ante una legislación sueca “que se encuentra desfasada, protegiendo a la gente pasiva y castigando a la activa, algo que es contraproducente”.
Para Gabrielsson, la ficción es un poderoso instrumento para defender los derechos humanos, porque “hace que la gente se identifique con otras personas de un modo no enciclopédico, algo que también hace el periodismo”. Como ejemplo, ha puesto a la periodista sudanesa Lubna Hussein, condenada en su país por llevar pantalones.
Una tímida Hussein relató cómo decidió convocar a la prensa internacional a su juicio y condena, enviando algo similar a invitaciones de boda a través de un contacto en las Naciones Unidas de Sudán, donde ella trabajaba en ese momento.