No obstante, la historia de Club Internacional de Prensa no se puede comprender sin entender el papel que jugó un número muy importante de sus socios a medida que la vida política del país evolucionaba. En España se iba abriendo paso la transición y se adivinaba la llegada de la democracia. De forma paralela a los actos sociales que alegraban muchos días de esos años, se precipitaban una serie de acontecimientos que hicieron un hueco para el CIP en la historia de la transición y en lo que fue la trastienda de la política española de aquel tiempo.
José Mario Armero recuerda que "la relación de los periodistas extranjeros con las personalidades más destacadas que se movían en aquel entonces en la oposición era enorme. Los conocían a todos. A través de los corresponsales se pudieron tener más contactos y más informaciones de lo que se avecinaba que a través de los propios españoles. En aquel momento interesaba mucho la figura de Pablo Castellanos. También José María Gil Robles era un personaje al que se acudía muy a menudo y al que se le concedía bastante importancia, así como a Joaquín Ruiz Giménez. En los años durante los que se prolongó la transición política, los corresponsales manejaban mucha información y muchos políticos recurrían a éllos. Fue una época especialmente interesante y en la que un importante número de periodistas de distintos países acudían a España y permanecían largas temporadas aquí, ya que en muchos lugares se creía que en nuestro país iba a estallar otra vez una guerra civil".
También Jose Antonio Novais, corresponsal del Diario de Noticias de Lisboa y, también, durante mucho tiempo de Le Monde, quien, al igual que Armero, jugó un papel importantísimo en la democratización del club, al conmemorarse el 25º aniversario de su fundación, recordaba los enfrentamientos y la presión que, contra corresponsales extranjeros acreditados en España, se ejerció a lo largo de aquellos años.
Novais, concretamente, tardó años en poder ser socio del club, porque en un principio se le impidió la inscripción. Aseguró Novais que "el Club había estado muchas veces en posición enfrentada al Gobierno ". A él también se le retiró el carné de prensa y se le prohibió el acceso a los locales de la calle Pinar, 5, aunque "el presidente de aquel momento me dijo que acudiera como amigo y como invitado". "Durante mucho tiempo el club no fue neutral en su posición frente al franquismo, aunque durante alguna época tenía un sello gubernamental y hubo gente que por ello no acudía a su sede", diría más tarde Novais.
A medida que pasaba el tiempo, se aproximaba el fin del régimen de Franco y se comenzaba a hablar de transición, de asociaciones políticas, de libertad de prensa, de partidos políticos... El club sirvió de termómetro para observadores internacionales de la situación política española, ya que en el se reflejaban directamente decisiones y actitudes de los representantes del régimen, de la oposición y de la clandestinidad.
Harry Debelius recordaba muy bien varios de los obstáculos e inconvenientes que se encontraban a diario para desarrollar su trabajo de corresponsales extranjeros. Como en el año 1968, cuando se obligó a Schukte, delegado a la sazón de la agencia United Press Internacional, a retractarse de una noticia que había difundido por el teletipo, según la cual algunos grupos de personas habían abucheado a miembros de la Guardia Civil en el desfile anual que conmemoraba el Día de la Victoria.
Harry Debelius recordaba su época en la que fue presidente de la Agrupación de Corresponsales Extranjeros, cuando, hacia el año 1974, el Gobierno hablaba de apertura, de asociaciones políticas y proclamaba a los cuatro vientos que ya había libertad de prensa en España. Entonces, la junta de la agrupación decidió organizar en el CIP una serie de charlas con personalidades políticas que se consideraban interesantes en aquel momento y que podían aportar información y declaraciones importantes sobre el futuro cercano. Entre ellas había que contar con José María de Areilza, Enrique Tierno Galván, Joaquín Satrústegui, Manuel Jiménez de Parga…
Por puro azar, según Debelius, "el primero que debía pronunciar su conferencia era Enrique Tierno Galván. El día anterior a que tuviera lugar el acto me llamó el ministro López Bravo para decirme que no podía celebrarse y que se debía contar con la posibilidad de que fuera la policía en caso de no atender a las recomendaciones de la Administración, y me aseguró que no me saldría con la mía".
Al día siguiente, efectivamente, los problemas no se hicieron esperar. Cuando varios de los socios comenzaron a llegar a la sede del club para tomar parte en el acto con Tierno Galván se encontraron con que en los alrededores del edificio se habían situado varios jeeps de la policía. En la puerta de la entrada, un letrero anunciaba . ‘Cerrado por reformas’. Relata Debelius que, "ya que el acceso era absolutamente imposible, se convocó una reunión de la junta directiva de la ACPE en el Hotel Palace. Escribimos desde allí una carta al ministro Fernández de Letona. Recuerdo que comenzaba diciendo: ‘Desde el bar del Hotel Palace, que en adelante se considera sede provisional del Club Internacional de Prensa, por ser privado...’”. Esta situación se prolongó. Durante algunas semanas la sede del club permaneció cerrada, pero el proyecto de organizar aquellas charlas continuó. Para no pararlo, se avisó a los invitados de lo que ocurría, y la convocatorias se trasladaron a otro lugar. Los directivos de la ACPE pensaron entonces que un buen sitio para que los encuentros con estas personalidades se celebrasen sin inconvenientes era un restaurante privado, lo cual, según Debelius, "era una provocación al Gobierno".
Sigue relatando Debelius que "en la primera de toda la serie que convocamos, antes de empezar, aparecieron por allí dos policías y preguntaron por mí. Ante la solicitud de que desconvocáramos el acto, les contesté que no podía anularlo y que, o se celebraba o nos detenían a todos. Llamaron por teléfono a sus superiores y yo les dije que podían asistir y escuchar todo lo que se decía durante el tiempo que quisieran. En cada una de las conferencias siguientes acudían siempre dos miembros de la policía, pero nunca pasó nada. Nosotros sabíamos que la alternativa que les dejábamos, si seguíamos adelante, era la de detenernos a todos. También los invitados que acudieron tuvieron que mostrar mucho valor, dadas las circunstancias, ya que conocían los problemas que se habían planteado. Después, todo volvió a la normalidad y al cabo de dos o tres semanas pudimos reanudar las actividades en el club".
Durante aquellos años, la labor de algunos profesionales instalados en España se veía salpicada de acontecimientos que podían provocar inconvenientes a la hora de desarrollar su trabajo. El mismo Debelius recuerda que, tras vivir varios años en Madrid, se fue a trabajar a Vietnam y a su regreso solicitó la renovación de su carné de prensa, que había caducado. "Durante bastante tiempo no me contestaron hasta que finalmente respondieron que como estaba el papeleo en trámite yo no podía escribir. Añadieron que si escribía una sola línea me podía llegar una orden de expulsión del país. Hablé entonces con los colegas del club y muchos de ellos escribieron en sus medios sobre estos problemas que surgían para los corresponsales de prensa en este país y, así, al poco tiempo, me lo devolvieron".
Pie de foto: Adolfo Suárez, conversa con el periodista Pedro Calvo Hernando, durante un acto celebrado en el Club Internacional de Prensa en septiembre de 1977, al poco tiempo de ser nombrado presidente del Gobierno por el rey Juan Carlos.